Había
un monje en India que se consagró a sí mismo a Dios,
como todos los monjes se supone que hacen. Así que, sólo
tenía un pedazo de tela con la cual cubrir su cuerpo. Y tenía
solamente una olla, en la que ponía agua, y también
cocinaba y ponía leche y demás.
Y sucedió que la tapa de la olla se rompió. Pero el
monje no compró una nueva; él usó una esquina
de su tela para cubrir la olla. Cuando se sentaba, lo hacía
cerca de la olla. Así que un hombre vino y le dijo: “¿Por
qué no compras una nueva tapa para tu olla?” Y él
dijo: “Ya he jurado que sea lo que sea que tenga aquí,
nunca buscaré más y usaré sólo lo que
tengo.”
Y entonces el hombre dijo: “Pero ¿por qué eres
tan terco? Una tapa no es ningún problema; ¿qué
tal si te compras una olla nueva?” El monje dijo: “No,
no. Hoy adquieres ésto y mañana será eso y
lo otro. Tal como le ocurrió a un monje...” Entonces
le contó la historia de otro monje. Era una historia verdadera,
que decía así:
HaHabía
un monje en la India, que solía salir a mendigar por cosas.
Tenía un taparrabos que le cubría lo que él
pensaba que se suponía debía cubrir (Risas). Pero
no era problema; él estaba satisfecho. Salía todos
los días y recibía limosnas de las personas; pedía
y conseguía lo suficiente para comer y luego iba y meditaba.
Era muy bello. Y tenía una choza pequeña.
El problema era que sólo tenía dos telas: una que
lavaba y otra que usaba. De modo que, a veces cuando salía,
ponía su tela en el tejado a secar. Y entonces siempre venía
un ratón y le rasgaba la tela a jirones. Y entonces tenía
que salir y mendigar por otro pedazo de tela. Esto sucedió
de esta forma muchas veces.
Finalmente el monje no tenía idea de qué hacer. Los
vecinos le aconsejaron: “No puedes seguir siempre mendigando
ropa. ¿Por qué simplemente no consigues un gato y
el gato se hará cargo del ratón? Entonces no tendrás
ningún problema. De otra forma ¿quién va a
seguir donándote ropa todo el tiempo?”
Así que el monje, después de mendigar muchas veces,
dijo: “Está bien, no está mal”. Y se consiguió
un gato. Alguien vino y le dio un gato. Ahora el gato estaba allí.
Pero él tenía más problemas. Tenía que
salir y mendigar leche para el gato. Y entonces una persona de buen
corazón vino y le dijo: “No puedes seguir así
para siempre, saliendo y mendigando leche y comida para el gato.
Consíguete una vaca (La Maestra y todos ríen). Porque
no nos molesta darte leche, pero si tenemos que darte leche para
el gato también, es demasiado. Nosotros podemos darte, pero
no todo el mundo es igual. Ellos no te darán leche todos
los días. Entonces tendrás incluso que sacrificar
tu propia leche para dársela al gato. Así que consigue
una vaca. Nosotros tenemos una y podemos regalártela. Puede
ser muy conveniente para ti que tengas tu propia leche. Y la vaca
también te dará algo de suero que podrás usar
para cocinar; todo será conveniente”...Página
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