Toda mi vida antes de la
iniciación siempre estuve agradecida por las bendiciones de Dios:
una amorosa familia, buenos amigos, casa, trabajo, suficiente dinero
para satisfacer todas mis necesidades de la vida y sobre todas las cosas,
una fuerte creencia en Dios. Sin embargo, por años tuve la sensación
de que me faltaba algo de vital importancia, era un sentimiento que
llenaba mi corazón al abrir los ojos cuando comenzaba el día,
durante mis actividades diarias y cuando cerraba los ojos al llegar
la noche.
Parecía que había perdido algo muy importante o que había
algo que tenía que recordar, pero no sabía qué,
o cómo encontrarlo. Muchas veces rezaba hasta sentirme cansada
para ver si Dios contestaba mi anhelo. Otras veces me iba llorando a
dormir, intentando entender por qué me sentía fuera de
lugar en este mundo.
Pensaba que algo malo había en mi ¿Cómo podía
pedir más de lo que me había sido dado? Tenía y
disfrutaba de mucho más de lo que otros podrían soñar,
especialmente un marido que me amaba mucho. Aún así, en
lo más profundo de mi ser, todavía sentía que me
faltaba algo. No había encontrado respuestas a lo que buscaba
en toda la literatura que había leído, ni en todas las
organizaciones religiosas que había visitado, ni en todas las
conversaciones que tuve. Así que, con gran sinceridad comencé
a pedirle a Dios que enviara a alguien que pudiera guiarme y saciar
la sed que sentía y que había estado conmigo desde mi
niñez.
Entonces, un día vi una conferencia de la Maestra por televisión
y mi vida cambió dramáticamente. Sin comprender el motivo,
ese mismo día comencé a ser vegetariana, aún cuando
la Maestra nunca mencionó el tema del vegetarianismo en esa conferencia.
Al día siguiente sin saber por qué sentí la urgencia
de saber más sobre “la Maestra Suprema Ching Hai”
y llamé al número que aparecía al final de la conferencia.
Todo lo que sabía era que Sus ojos penetraban profundamente en
mi Ser y que Sus palabras sonaban como música en mis oídos.
Había algo en Ella que me era muy familiar. Era como si ya la
conociera, pero ¿cómo era eso posible? Era la primera
vez que le veía y que oía Su nombre. Sin embargo, luego
de leer Sus libros y revistas y de mirar Sus videoconferencias en el
Centro, comencé a sentirme extasiada por Su amorosa mirada y
voz. Sus conferencias por lejos sobrepasaban todo lo que había
esperado. Ella contestaba todas mis preguntas haciéndome sentir
más cerca de Dios con cada segundo que pasaba. Sentí que
Ella me había dado la paz que tanto había anhelado toda
mi vida.
Cuando fui iniciada tres meses más tarde, la Maestra no sólo
me enseñó cómo tener verdadera comunicación
con Dios, sino que también me llevó de la mano paso a
paso para ayudarme a volver a Casa. Con Ella a mi lado, no tengo miedo
de los obstáculos en mi camino. Su Amor me envuelve cada segundo
del día y es tan fuerte que aún puedo percibirlo mientras
duermo. Me ha conectado con mi Maestro Interno y me ha enseñado
que el poder del Maestro me acompaña las veinticuatro horas del
día. Ahora sé que Dios ha enviado a la Maestra para mostrarme
el camino a Casa, lugar al que pertenezco, un lugar al que tanto había
añorado desde mi infancia.
Gracias Maestra por aceptar el desafío de traernos el mensaje
de Dios y por ayudarnos a recordar que somos los Hijos de Dios. Sé
que Tu trabajo es el más difícil de todos, ya que tienes
que tratar con nuestra ignorancia y soportar soledad, tristeza y angustia.
Muchas veces, en nombre de Dios, llamas a nuestra puerta y no respondemos.
Muchas veces nos llamas por nuestros nombres, pero no escuchamos. Cuando
caemos Tú eres la primera en estar a nuestro lado para consolarnos,
motivarnos y darnos la fuerza suficiente para perseverar. Nos animas
a continuar hasta que alcancemos nuestro destino final, donde sabes
que Dios nos estará esperando con los brazos abiertos. Gracias
a Ti, mi Dios y gracias a Ti, mi Maestra. El mero lenguaje no puede
expresar cuánto Te amo y cuánto significas para mí.