Esta
es una historia verdadera, que tuvo lugar en la árida región
del desierto de la provincia de Ching Hai, al oeste de China. Los
oficiales de esta área habían impuesto una estricta
ración diaria de tres litros de agua para cada persona y
los residentes tenían que depender del transporte de agua
de larga distancia realizada por la unidad de la armada de la localidad.
Bajo estas circunstancias, uno puede imaginarse perfectamente las
condiciones trágicas en las que se encontraban los animales.
Un día, una vieja vaca se salió de encierro y se paró
en la mitad de la única ruta del desierto por la que tenían
que pasar los camiones con agua. A medida que pasaban los minutos
y justo cuando los lugareños comenzaban a preguntarse qué
le había ocurrido a la vieja vaca, llegó un camión
con agua. La vaca repentinamente arremetió contra el frente
del camión, forzándolo a detenerse. Entonces, la vaca
se quedó mirando fijamente al camión mientras el conductor
trataba inútilmente de retirarla de ahí. Esto continuó
por un buen rato.
Los soldados que transportaban el agua ya se habían enfrentado
con este tipo de situación anteriormente, pero nunca al extremo
de parar el tráfico. Esta vez era diferente. Los conductores
atrapados en el embotellamiento maldecían y algunos, impacientes,
trataron de asustar con fuego a la porfiada vaca, pero ella permaneció
inamovible. Luego llegó el dueño de la vaca, quien
azotó al pobre y flaco animal, lacerándole la piel.
Pero el animal gimiendo se rehusaba a salir del camino.
Los desconsolados gemidos de la vieja vaca sonaron tan trágicos
que los soldados y algunos de los conductores se conmovieron hasta
las lágrimas. Finalmente, un soldado dijo: “¡Déjenme
quebrantar las reglas por una vez! Estoy dispuesto a recibir un
castigo por ésto”. Tomó media vasija de agua
del camión (un litro y medio) y la puso frente a la vaca,
pero para sorpresa de todos, la vaca no tocó el agua.
Entonces, la vaca miró hacia la puesta de sol y mugió.
Al poco tiempo, un pequeño ternero vino corriendo desde atrás
de un montículo de arena. La vieja vaca herida miró
amorosamente al ternero hasta que éste terminó de
tomar el agua. Con lágrimas en los ojos, la vaca madre y
su ternero se lamieron los ojos una al otro silenciosamente, expresando
su amor mutuamente. Entonces, antes de que alguien las tuviera que
mover, se fueron por su propia voluntad. 