[Los
Angeles] Durante la época de Navidad, millones de
creyentes alrededor del mundo celebran el nacimiento de un santo sabio,
nacido hace más de dos mil años. La leyenda dice que tres
sabios siguieron una estrella luminosa en la noche de cielo índigo.
Esta estrella brillante los guió al humilde establo en el que
yacía Jesús rodeado de los animales del granero, brillando
en la luz de su propio resplandor. Estos tres santos vinieron trayendo
presentes de oro, incienso y mirra para dejar a los pies del recién
nacido salvador. De esta noble historia viene la tradición de
Navidad de dar presentes a los amados y cuidar de los menos afortunados
de la sociedad.
Antes de la Navidad del 2000, los iniciados del Centro de Los Angeles
reunieron su diezmo anual para los pobres de los condados aledaños
del Sur de California y llevaron a cabo una amorosa actividad para compartir.
Hace tres años, la ciudad de Santa Ana abrió las puertas
de su Refugio Armory para la gente sin hogar, ésta provee de
habitación a muchos de los pobres que vagan durante las noches
frías. A principios de diciembre, las puertas del refugio son
abiertas y entonces la gente sin hogar puede encontrar un lugar donde
recostar su cabeza fatigada, consiguiendo algún sustento y escapando
de las noches extremadamente frías de invierno. Los residentes
del refugio reciben comida, colchonetas para dormir, mantas y se les
ofrecen duchas gratuitas. También se les da atención médica
gratuita, consejería laboral, consejo legal y otros servicios.
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| Connie,
coordinadora de programa del refugio de Armory para las personas
sin hogar de Santa Ana, se tomó una foto con los iniciados de Los
Angeles. |
"Connie", la coordinadora del programa del refugio, nos dio
una lista de artículos que necesitaban los que llaman a ese lugar
su hogar. Nosotros compramos sudaderas abrigadas, calcetines, provisiones
para el aseo y las envolvimos en 120 mochilas de color azul verdoso
brillante. Luego, Connie nos invitó para que le entregáramos
los presentes a la gente sin hogar varios días antes de Navidad.
Los discípulos llegaron al refugio con regalos en remolque y
tuvieron que esperar afuera durante la noche fría mientras las
personas sin hogar asistían a su registro nocturno. Esa noche
en particular, la temperatura rondaba los 35 grados Fahrenheit. Mientras
esperábamos afuera muchos hombres nos miraban, nosotros nos preguntábamos
como los pobres podían soportar semejante frío y sufrimiento.
Uno de los guardas de seguridad era muy amigable y quería sacarse
una foto con nosotros. Él incluso se llevó una foto de
nuestra querida Maestra después de que nosotros presentamos a
nuestro grupo.
Después de que el chequeo finalizó, Connie nos invitó
a pasar y distribuir nuestros presentes a las damas primero. Con toda
seguridad, la Navidad había llegado a esta humilde vivienda de
las personas sin hogar. Miradas fatigadas dieron lugar a sonrisas felices
mientras nosotros le deseábamos a cada persona una "Feliz
Navidad" y les entregábamos los presentes. Todas las mujeres
inmediatamente abrieron sus mochilas y se sentaron felizmente a examinar
los presentes. Una adorable mujer embarazada nos preguntó si
podíamos darle una sudadera más grande para acomodar su
estómago prominente.
Dos niños estaban presentes esa tarde. Uno de ellos, una delicada
niña de cuatro años se quedó dormida bajo una manta
colorida. Nosotros habíamos llevado alguna ropa de abrigo y juguetes
especialmente para ella y se los dimos a su agradecida madre.
Cerca, un muchacho de trece años se divertía con un juego
para niños de Pokemón y ni siquiera nos vio. Este muchacho
estaba acompañado por su muy anciana abuela. Cuando ella recibió
sus regalos, quedó asombrada. Luego, continuamos distribuyendo
regalos a los cien hombres del refugio.
Un hombre hispano, Ray, encontró el volante acerca de la Maestra
en su paquete de regalo e inmediatamente quiso hablar con nosotros.
Él quería conocer a la Maestra y nos preguntó dónde
vivía. Después de entregarle un libro ejemplar y una dirección
a donde podía escribirle a la Maestra, quiso obtener más
información.
Esa noche, a pesar de que la gente sin hogar del Refugio de Armory
apreció mucho sus regalos, nosotros sentimos que recibíamos
mucho más que ellos ya que pudimos experimentar directamente
que es mejor dar que recibir. 