En la senda


Una abuela feliz


Por la hermana iniciada Olga Molnar, Camberra, Australia (Originalmente en inglés)

Recuerdo que hace muchos años toque un villancico de Navidad en el piano de la primaria, en mi tierra natal, Hungría. Al día siguiente, estando yo en la escuela la policía secreta comunista me arrestó, interrogó y preguntó el por qué toque la canción navideña y que quién me había enseñado la música. Después de una reprimenda bastante larga me soltaron, pero con la advertencia de no volver a hacerlo. Además por las mañanas antes de ir a la escuela me gustaba orar por corto tiempo en la iglesia local. Para ese entonces solo tenía ocho años, y de nuevo fui interrogada por la policía secreta del por qué iba a la iglesia, que quién me dijo que fuera, que quién me había enseñado a orar y por qué cantaba villancicos de Navidad en público, etc.

Al terminar la primaria, la directora me dijo que debido a mi comportamiento inaceptable, no podría ir a la secundaria para fomentar mi educación. "Ni lo intentes", dijo, "porque, debido a tus antecedentes religiosos el gobierno no lo permitirá". Pero no obstante, mi ángel guardián me ayudó a entrar a la secundaria, la cual terminé, y luego fui a la universidad. Sin embargo, para mi pena, en 1956 mi mundo estaba al revés. La lucha por la liberación húngara de ese año detuvo mi educación en Hungría, porque mi padre había participado en la batalla y por eso nosotros tuvimos que dejar nuestra casa y nuestro país, junto con mi madre y mi hermano de un año.

Ahora más vieja y más sabia, vivo en Australia con mi amorosa familia y soy una feliz abuela de 13 nietos. Mi felicidad recibió un inesperado empujón cuando en la época navideña de 1999, mi madre de 81 años me dijo que a la hora de practicar el Método Conveniente de meditación estaba teniendo buenas experiencias internas con la luz interna. ¡En verdad la Maestra cuida a mi familia!

Me inicié hace ocho meses. Desde entonces, mi hija ha dejado de fumar, mi hijo ya no bebe tanto como antes, y para acabar, mi hermano, que vive a 2, 500 km. de distancia, vino hace poco y nos visitó.

Desde hace ocho años que no nos frecuentábamos, y ¡Mis ojos no podían creer lo que veían! Durante su ausencia había prosperado. Su personalidad había mejorado, y veía la vida de forma más brillante. Por lo que lo invité a nuestra sesión de meditación de grupo local. En un principio me rechazó, pero insistí, "Si quieres conocerme mejor, ven y observa a nuestro grupo; como meditamos, como disfrutamos de la compañía mutua, y como la meditación le brinda a uno paz interna y un buen sentimiento". Al final accedió y fue conmigo al grupo de meditación. Luego tuvimos una noche muy feliz, bromeando y riéndonos a cada rato. Camino a casa me abrazó, me agradeció el haberlo invitado y dijo, "Sabes hermanita, me gusta este grupo de meditación".

Al llegar a su casa me llamó, lo cual fue de gran sorpresa, ya que nunca antes lo había hecho, por el precio que implica. ¡Pero ese día lo hizo! Era lunes, el día de nuestra meditación grupal. Me dijo, "Te amo hermanita, y quiero a tus hermanos de la meditación en grupo. Por favor diles que los extraño a todos. Si hubiera un grupo de meditación aquí me uniría, pero para mi pena tal grupo no existe". Me conmoví de felicidad, y casi llore.

Gracias, Maestra, ¡Por mejorar mi vida y la de mi familia! Conforme el tiempo pasa te amo cada vez más.

 

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Noticia Nº.115

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